lunes 11 de agosto de 2008

Ayssss, esos cuadernos...

Pero que abandonados he tenido a los dichosos cuadernos últimamente. Pues nada, al tajo, copiaré un poquito más.


Cuanto más se manifestaban los sentimientos, más miedos iban asomando y más seguridad cobraba yo en mí misma.

- ¿Has pensado que tengo muchos mas años que tú?
- ¿Te he dado muestras alguna vez de que eso me importara lo más mínimo?
- No.
- ¿Entonces?
- Pero es una realidad.
- Tú me gustas, lo que eres. ¿En que puede influir ahí la edad?
- Creo que en nada, pero yo tengo 46 y tu 28.


Se produjo un cambio en él. Varió la estrategia. Decidió abrirse y mostrarme su ternura. El objetivo era el mismo.
Estaba muy seguro de si mismo. No tenía dudas de su éxito. Se sentía confiado, la experiencia era un grado, el no podía caer en la red. Era yo quien debía enredarme en ella. Él se quedaría con el placer del triunfo.
Pero algo, muy en su interior, le marcaba alerta. El volverse a encontrar con el miedo a lo desconocido le causaba placer y atracción a la vez. Imagino que era como volver a navegar después de tantos años.
Pero en él aún dominaba la necesidad de ganar la batalla.
Y yo, percibiendo todas esas emociones y analizándolas. Para mí representaban armas que después sabría utilizar.
Dudaba si sus bajadas del caballo eran parte de una estrategia o era realmente lo que sentía.
Y le di tiempo al tiempo. Aún me faltaban datos.
Para mí se estaba convirtiendo en una caja de sorpresas, el capitán.
Pasaba de ser mi enemigo a ser mi amante
.


Eres como un reto.
Siento la necesidad de llegar hasta ti, hasta dentro.
Hacerte sentir y poder mantenerlo.
Sé que puede ser una batalla pírrica, en la que pierda más que gane.
Pero no puedo renunciar al placer de la batalla.
Me aterra el hecho de que se puedan quemar mis alas,
pero las dejaré expuestas para vencerte
.


Él era la seda y el metal para mí.
Yo era el fuego y el hielo para él.


Toda la noche he dormido contigo
junto al mar, en la isla.
Salvaje y dulce eras,
entre el placer y el sueño,
entre el fuego y el agua.

Seda y metal, acércate a mi boca.

Pablo Neruda


Y llegó el día en que tuvimos que plantearnos un encuentro. Después de un año de luchas a distancia, había que saltar al campo y luchar cara a cara. Tantear las armas y las debilidades del enemigo frente a frente.

- Dime, que quieres que te cuente. Últimamente me tiras mucho de la lengua.
- Yo no te tiro, te sueltas tu solo y me gusta.
- Venga señorita, pregunta.
- No, pregunta tú, yo ya pregunte el otro día. ¿Qué te interesa saber?
- ¿Cómo te gustaría que fuese el encuentro?
- Algo que aunque fuera por un instante nos llenara a los dos.
- Que poética has venido esta noche.
- Jajajajaja. ¿Qué he dicho?
- Esta noche he soñado contigo...
- Nada bueno, seguro.
- Imagina.
- Tengo poca imaginación.
- Esfuérzate un poco.
- No imagino, vivo.
- Estás breve.
- ¿No te gusta?
- Me gustas...
- Y tú a mí.
- ...Te enteras de cuánto y cómo cuando nos veamos.
Él se ponía tierno, yo me ponía inquisitiva.
- ¿Y por qué no ahora?
- Porque eso te lo quiero hacer sentir intensamente.
- Y tú, ¿Cómo lo vivirás?
- Sintiendo contigo.

Analizando sus palabras, despejando dudas.

- ¿Y qué es para ti sentir?

Y él, jajajaja, se impacientaba.

- Es algo que ahora mismo no te puedo describir. Ya te hice una aproximación la semana pasada.
- No me gusta cuando te escurres, lo das todo por sabido y huyes.
- No huyo, estoy aquí.
- Pero enseñando siempre lo mínimo. Ya he aprendido a leer entre líneas, por lo tanto no te preocupes...
- Pero si a ti ya te he enseñado lo más oculto.
- ¿Y por qué yo no lo veo así?
- Óptica.
- Muy simpático...
- Desde pequeño.

Y yo continuaba el interrogatorio... incansable, mientras él comenzaba a tener dudas. Perdía la confianza en él y en su victoria. No lograba saber cuáles eran mis sentimientos (en eso jugábamos en igualdad).

- ¿Y crees que conmigo lo sentirás?
- Espero que sí. ¿Y tú conmigo?
- Tienes todas las papeletas ahora...
- ¿Con otro hombre te has sentido así?
- En algunos momentos sí, pero luego con el tiempo eso cambiaba.
- ¿Cuándo cambiaba?
- No había un momento exacto.
- Me refiero si la percepción duraba hasta el encuentro o se deshacía antes.
- Unas veces fue anterior y otras posterior.
- Vale, soy un experimento más.
- ¿Quién te dijo eso?
- Es lo que yo pienso, en función de tus respuestas.

- Pues te equivocas y no creo haber dado a entender eso con mis palabras.
- Pues por las preguntas que te he hecho y tus respuestas no he encontrado ninguna diferencia entre nuestra relación y las otras.
- Tú has preguntado por lo que ocurre normalmente. Contigo aún es una intriga lo que va a ocurrir, por lo tanto no puedo hacer tuyas reacciones que he tenido con anterioridad. Ni yo misma se lo que va a ocurrir cada vez que inicio una relación.
- Yo he sacado esa conclusión en base a unas pautas seguidas por ti.
- Pues te equivocas.
- Vale, pasa página...
- No, espera, creo no haber entendido. Me quieres decir que has intentado establecer una línea recta en mi comportamiento ¿???. Jajajaja, eso me hace reír, cielo. Soy imprevisible y creo que lo sabes... ¿Te molestaría ser otro de los experimentos?
- Quiero saber dónde estoy y cómo. Y lo de ser un experimento o no en definitiva depende de mí.
- Exacto.
- ....
- Normalmente ninguno ha superado el 40%.
- Eh, señorita, en estos momentos yo estoy mas alto.
- Tú, en ciertos aspectos los has superado...
- Y pienso minarte.
- ¿Por qué?
- Soy así.
- No me vale esa respuesta.
- Porque te voy a inundar de lo que a ti te gusta y espero recibir lo mismo.
- Sigues sin responder.
- ¿No te parece respuesta?
- ¿Pregunté por qué quieres minarme?
- Eso no tiene una respuesta definida. Soy así.
- Algo habrá que te impulse a intentarlo, ¿no?
- Superación personal. Llegar al corazón de una persona es lo más bonito que hay.
Y entonces yo contraatacaba con sus mismas armas
- ¿Entonces solo soy un experimento para ver como te superas a ti mismo?
- No.
- ¿Y qué es entonces?
- Una realidad a cautivar. Me quiero superar a mí mismo haciéndote sentir intensamente y que cuando pienses en ese momento que hemos pasado juntos te entren escalofríos.
- ¿Y si no lo consigues?
- No pienso en que no vaya a conseguirlo, sino ya habría fracasado. Pienso que lo lograré por el interés de los dos.
- ¿Y si yo no logro cautivarte a ti?
- Ya me tienes cautivado.
- Pero no es real.
- Para mí sí.
- Todo se puede romper en cuestión de segundos.
- ¿Tú crees que cuando me veas se puede romper?
- No, no lo creo.
- ¿Entonces por que piensas que cuando yo te vea se puede romper?
- No lo sé. Tienes razón, si no lo concibo en mí no sé por qué debería pensar que en ti es posible. Lo siento, disculpas.
- Disculpada señorita.
- Gracias capitán.
- Un beso.
- ¿Uy, y eso?
- Me ha salido del alma.

2 comentarios:

Hitos dijo...

Me encntan estos cuadernos, quisiera saberlo todo de ellos, de donde salen, quienes son los protagonistas, donde se desarrolla la historia... todo, todo y todo.

Ya espero ansiosa el siguiente.

xhandra dijo...

UUUyyyy qué romántica se pone la cosa...