
La habitación.
Abre la puerta. Entro yo. Entra él. Y a mi espalda oigo la puerta cerrarse. Me quedo quieta, sin volverme.
Noto sus manos como se apoyan en mis hombros y su boca me roza el cuello. Deposita un beso suave en él. Sus dedos se deslizan por mis brazos, acariciándome hasta cruzarse por delante de mí, abrazándose a mi cuerpo desde atrás. Lentamente, me doy la vuelta y con los ojos cerrados acerco mi boca a la suya... y se inicia una nueva lucha pero muy diferente a las anteriores...
Nos hicimos el amor, hablamos, discutimos de nuevo, nos hicimos confesiones y la noche... llego a su fin. Nos adormecimos. Con cuidado me levanté y fui al baño. Cuando salí él dormía. Me vestí y él despertó. Alargó su mano hacia mí y me reclamó...
- Ven...
Me acerqué a él y arrodillándome en el suelo le di un beso en los labios.
- ¿Por que te has vestido?
- Me voy.
- ¿¿¿¿Qué????
- Mi tren sale a las 7.
La expresión de su cara cambió.
- ¿Cómo que tu tren sale a las 7?
- Pues eso, que me voy. ¿Me pides un taxi por favor?
De forma brusca se incorporo en la cama y mirándome como si no entendiera nada me dijo:
- Pero a ver, ¿tú de que vas?
- De nada.
- Me has hecho ceder ante tus exigencias y ahora las tiras por la ventana. ¿A que viene esto?
- Ya, ya lo sé, tienes razón. Pero cuando compré el billete cambié de opinión y decidí volver a las 7.
- No entiendo nada.
- No es necesario.
- Eres increíble. (Estaba de mal humor) Espera, voy a vestirme y te acompaño a la estación.
- No, no hace falta, prefiero irme sola.
Silencio.
No entendía nada.
Yo sí.
Había conseguido que cediera y yo por ello complacía sus exigencias. Los dos habíamos ganado la batalla.
Con lentitud cogió el teléfono y pidió un taxi.
Yo mientras tanto me pintaba los labios frente a un espejo de pared que había en la habitación. El se acercó a mí por detrás y me subió la cremallera del vestido. Me abrazo desde esa posición y nuestros ojos se encontraron en el espejo. Le sonreí y él respondió de la misma forma.
- ¿Sabe la señorita que es estupenda?, ¿Sabe la señorita las veces que había soñado con esto?, ¿Sabe la señorita que no me ha decepcionado?
- Me gustas mucho. Eres muy cariñosa y sensible y quiero continuar con la relación.
Yo lo miraba a través del espejo y sonreía. De pronto él se quedó en silencio y preguntó.
- ¿Qué piensa la señorita del capitán?, ¿Se siente decepcionada?
El teléfono, el taxi... salvada por la campana. Me di la vuelta, le abracé y dándole un beso me dirigí a la puerta. Una vez allí, mientras me abrazaba, me atrapó entre ella y su cuerpo y me dio un último beso. Luego me dejó marchar muy a su pesar.
No se lo había dicho, pero el capitán no había defraudado mis expectativas con respecto a él.
Fueron pasando los días.
Ni él llamaba, ni yo deseaba que lo hiciera.
Necesitaba pensar en lo que había ocurrido.
Me había gustado estar con él.
Una semana después una poesía de Neruda en un mensaje.
Diez días después nuestra primera conversación tras el encuentro.
- Me encanta cuando estas simpática.
- Me alegro. Siempre intento estarlo. Tú consigues en ocasiones el efecto contrario.
- Pues nadie lo diría.
- ¿Y eso?
- Cuando estuvimos juntos... no te saque de quicio.
- No, la verdad es que no. Te portaste muy bien. Pero ese era el trato, ¿no?
- Y yo siempre cumplo...
- Yo también. ¿Qué impresión le cause al capitán?
- Te lo dije en persona, muy buena y me gustaste mucho.
- El capitán también me gusto a mí. Me porte bien, ¿verdad?, ¿Fui una buena chica?
- Te portaste muy bien en todos los sentidos.
Una duda sin despejar.
- ¿Por qué te fuiste?
- Porque es lo que debía hacer.
- No lo entiendo. Ya habías conseguido lo que querías.
- Por eso. Yo ganaba y al irme también te daba la victoria a ti. Eso era lo justo.
- Retorcida esta señorita.
- Pensaba que el capitán me conocía mejor.
- Voy conociéndote.
- Ah, ¿sí?, ¿Tú crees?
- Sí, poco a poco.
- No soy tan difícil de conocer. Tampoco soy tan complicada.
- Complicadilla.
...........
- ¿Porcentaje a día de hoy?
- 98%.
- Ya falta menos.
- Jajajaja, ¿menos para qué?
- Para el 150 %.
- ¿Y que pasará en el 150 %?
- Que habré llegado a tu corazón. Prepárate.
........................
- ¿Has pensado en mí?
- Si no hubiera pensado en ti no se hubiera movido el porcentaje.
- Hoy estás de un simpático subido...
- Gracias, jajajajaja.
- Me encanta hacerte reír. Me gustas señorita.
Un mes después.
- Me gusto mucho verte, conocerte y estar contigo. Quiero volverte a ver. ¿Ya te he llegado al corazón?
- Has pasado rozando pero no has llegado a entrar.
- Me estás empezando a mosquear.
- ¿Por qué capitán?
- Yo diría que te he dado de lleno.
- ¿Tú crees?
- Sí.
- ¿Y yo dónde he quedado situada?
- En mi corazón.
- ¿Por qué no me lo creo, capitán?
- ¿Por qué eres tan incrédula?
- Porque te conozco.
- Te abrazaría fuerte ahora.
........
- ¿Tienes ganas de volver a estar conmigo?
- Sí, y lo sabes. ¿Y tú?
- Sí, y muchas. Reconoce que te he llegado al corazón y te lo he tocado.
- ¿Es tan importante para ti que lo reconozca?
- Sí, lo es.
Y ahí empezó mi huida...
Su intención era que nos viéramos en un mes en Ibiza. Todo un fin de semana para nosotros solos en el paraíso. Y yo le escribí la carta...
Eres el perfecto representante del hombre de derechas y conservador.
Hombre maduro pero atractivo. Director de una empresa, con una familia perfecta.
Casado con una mujer a la que tú mismo has modelado a tu gusto puesto que está contigo desde los 16 años. Y el equilibrio perfecto por lo que respecta a los hijos, la parejita.
Bien conservado, culto, inteligente, pulcro, atento, simpático pero sobre todo apasionado y sensible, a pesar de tu aparente frialdad. Estas dos últimas características son las que te impulsan a tener aventuras.
Pero yo sigo convencida de que todo es una fachada. Que detrás hay algo más y pienso que quizá sea eso lo que aun me mantiene aquí. Es el G. que hay detrás el que quiero conocer.
El G. que le gusta el mar, que le gusta la poesía, que le emociona una sonrisa, que habla de todo ello y lo siente.
El G. que de vez en cuando se ha mostrado a mí. Ahora bien, ¿Cómo encajo yo en todo esto? ¿Qué hace una chica caprichosa, malcriada, irritable, mandona, aunque eso sí, según tú, simpática y con unos ojos y una sonrisa muy expresivos, metida en este marco ideal?
Esa es la pregunta a la que espero que tú des respuesta.
La respuesta llegó de inmediato.
Llamada telefónica.
- ¿Qué pasa?
- Nada, ¿por qué?
- ¿A que viene esa carta ahora?
- Es lo que hay...
- Vale. Sin juegos. ¿Qué te pasa?
- No has dado respuesta a la pregunta de mi carta.
- ¿Qué quieres que te diga?
- No lo sé. ¿Cómo ves tú la situación?
- Complicada y cada día más.
- Yo también.
- ¿Y?
- No sé.
- No vas a venir a Ibiza, ¿verdad?
- No, no voy a ir.
- ¿No vamos a vernos más?
- Eso no lo puedo saber.
- No juegues. Me refiero ahora, en un futuro inmediato.
- No, no vamos a vernos más.
- ¿Puedo saber por qué?
- ...
- Habla.
- ... La situación se nos está yendo de las manos y no quiero llegar al extremo de perder las riendas y no poder controlarla, hay demasiadas cosas importantes en juego.
- Te entiendo... aunque no lo comparto.
- Lo acepto...
- ¿Te he de decir adiós ahora?
- Será lo mejor.
- Muy bien. Como prefiera la señorita.
- Sin juegos.
- Bien.
- Adiós G.
- Adiós señorita. Oye...
- ¿Qué?
- Me ha encantado conocerte.
- Y a mí a ti.
- Un beso Dª Involuta.
- Un beso mi capitán.
Y así acabó. Limpiamente.
Le eche de menos durante muchos meses. En muchas ocasiones sentí deseos de llamarle, pero no lo hice. El tiempo, la vida y las nuevas experiencias fueron difuminando las sensaciones que me provocó y la necesidad de ellas.
Lo nuestro no fue una relación. Como ya he dicho en muchas ocasiones fue una guerra de dos caracteres fuertes, batalla tras batalla. Nos exasperábamos cada vez que hablábamos. Quedamos fascinados por el contraste entre furia y ternura que ambos desplegábamos ante el otro. Decidimos una retirada a tiempo y así se hizo.A veces siento curiosidad. Y me pregunto qué y cómo hubieran transcurrido las cosas si hubiéramos continuado, pero pienso que tuvimos el mejor final.
Abre la puerta. Entro yo. Entra él. Y a mi espalda oigo la puerta cerrarse. Me quedo quieta, sin volverme.
Noto sus manos como se apoyan en mis hombros y su boca me roza el cuello. Deposita un beso suave en él. Sus dedos se deslizan por mis brazos, acariciándome hasta cruzarse por delante de mí, abrazándose a mi cuerpo desde atrás. Lentamente, me doy la vuelta y con los ojos cerrados acerco mi boca a la suya... y se inicia una nueva lucha pero muy diferente a las anteriores...
Nos hicimos el amor, hablamos, discutimos de nuevo, nos hicimos confesiones y la noche... llego a su fin. Nos adormecimos. Con cuidado me levanté y fui al baño. Cuando salí él dormía. Me vestí y él despertó. Alargó su mano hacia mí y me reclamó...
- Ven...
Me acerqué a él y arrodillándome en el suelo le di un beso en los labios.
- ¿Por que te has vestido?
- Me voy.
- ¿¿¿¿Qué????
- Mi tren sale a las 7.
La expresión de su cara cambió.
- ¿Cómo que tu tren sale a las 7?
- Pues eso, que me voy. ¿Me pides un taxi por favor?
De forma brusca se incorporo en la cama y mirándome como si no entendiera nada me dijo:
- Pero a ver, ¿tú de que vas?
- De nada.
- Me has hecho ceder ante tus exigencias y ahora las tiras por la ventana. ¿A que viene esto?
- Ya, ya lo sé, tienes razón. Pero cuando compré el billete cambié de opinión y decidí volver a las 7.
- No entiendo nada.
- No es necesario.
- Eres increíble. (Estaba de mal humor) Espera, voy a vestirme y te acompaño a la estación.
- No, no hace falta, prefiero irme sola.
Silencio.
No entendía nada.
Yo sí.
Había conseguido que cediera y yo por ello complacía sus exigencias. Los dos habíamos ganado la batalla.
Con lentitud cogió el teléfono y pidió un taxi.
Yo mientras tanto me pintaba los labios frente a un espejo de pared que había en la habitación. El se acercó a mí por detrás y me subió la cremallera del vestido. Me abrazo desde esa posición y nuestros ojos se encontraron en el espejo. Le sonreí y él respondió de la misma forma.
- ¿Sabe la señorita que es estupenda?, ¿Sabe la señorita las veces que había soñado con esto?, ¿Sabe la señorita que no me ha decepcionado?
- Me gustas mucho. Eres muy cariñosa y sensible y quiero continuar con la relación.
Yo lo miraba a través del espejo y sonreía. De pronto él se quedó en silencio y preguntó.
- ¿Qué piensa la señorita del capitán?, ¿Se siente decepcionada?
El teléfono, el taxi... salvada por la campana. Me di la vuelta, le abracé y dándole un beso me dirigí a la puerta. Una vez allí, mientras me abrazaba, me atrapó entre ella y su cuerpo y me dio un último beso. Luego me dejó marchar muy a su pesar.
No se lo había dicho, pero el capitán no había defraudado mis expectativas con respecto a él.
Fueron pasando los días.
Ni él llamaba, ni yo deseaba que lo hiciera.
Necesitaba pensar en lo que había ocurrido.
Me había gustado estar con él.
Una semana después una poesía de Neruda en un mensaje.
Diez días después nuestra primera conversación tras el encuentro.
- Me encanta cuando estas simpática.
- Me alegro. Siempre intento estarlo. Tú consigues en ocasiones el efecto contrario.
- Pues nadie lo diría.
- ¿Y eso?
- Cuando estuvimos juntos... no te saque de quicio.
- No, la verdad es que no. Te portaste muy bien. Pero ese era el trato, ¿no?
- Y yo siempre cumplo...
- Yo también. ¿Qué impresión le cause al capitán?
- Te lo dije en persona, muy buena y me gustaste mucho.
- El capitán también me gusto a mí. Me porte bien, ¿verdad?, ¿Fui una buena chica?
- Te portaste muy bien en todos los sentidos.
Una duda sin despejar.
- ¿Por qué te fuiste?
- Porque es lo que debía hacer.
- No lo entiendo. Ya habías conseguido lo que querías.
- Por eso. Yo ganaba y al irme también te daba la victoria a ti. Eso era lo justo.
- Retorcida esta señorita.
- Pensaba que el capitán me conocía mejor.
- Voy conociéndote.
- Ah, ¿sí?, ¿Tú crees?
- Sí, poco a poco.
- No soy tan difícil de conocer. Tampoco soy tan complicada.
- Complicadilla.
...........
- ¿Porcentaje a día de hoy?
- 98%.
- Ya falta menos.
- Jajajaja, ¿menos para qué?
- Para el 150 %.
- ¿Y que pasará en el 150 %?
- Que habré llegado a tu corazón. Prepárate.
........................
- ¿Has pensado en mí?
- Si no hubiera pensado en ti no se hubiera movido el porcentaje.
- Hoy estás de un simpático subido...
- Gracias, jajajajaja.
- Me encanta hacerte reír. Me gustas señorita.
Un mes después.
- Me gusto mucho verte, conocerte y estar contigo. Quiero volverte a ver. ¿Ya te he llegado al corazón?
- Has pasado rozando pero no has llegado a entrar.
- Me estás empezando a mosquear.
- ¿Por qué capitán?
- Yo diría que te he dado de lleno.
- ¿Tú crees?
- Sí.
- ¿Y yo dónde he quedado situada?
- En mi corazón.
- ¿Por qué no me lo creo, capitán?
- ¿Por qué eres tan incrédula?
- Porque te conozco.
- Te abrazaría fuerte ahora.
........
- ¿Tienes ganas de volver a estar conmigo?
- Sí, y lo sabes. ¿Y tú?
- Sí, y muchas. Reconoce que te he llegado al corazón y te lo he tocado.
- ¿Es tan importante para ti que lo reconozca?
- Sí, lo es.
Y ahí empezó mi huida...
Su intención era que nos viéramos en un mes en Ibiza. Todo un fin de semana para nosotros solos en el paraíso. Y yo le escribí la carta...
Eres el perfecto representante del hombre de derechas y conservador.
Hombre maduro pero atractivo. Director de una empresa, con una familia perfecta.
Casado con una mujer a la que tú mismo has modelado a tu gusto puesto que está contigo desde los 16 años. Y el equilibrio perfecto por lo que respecta a los hijos, la parejita.
Bien conservado, culto, inteligente, pulcro, atento, simpático pero sobre todo apasionado y sensible, a pesar de tu aparente frialdad. Estas dos últimas características son las que te impulsan a tener aventuras.
Pero yo sigo convencida de que todo es una fachada. Que detrás hay algo más y pienso que quizá sea eso lo que aun me mantiene aquí. Es el G. que hay detrás el que quiero conocer.
El G. que le gusta el mar, que le gusta la poesía, que le emociona una sonrisa, que habla de todo ello y lo siente.
El G. que de vez en cuando se ha mostrado a mí. Ahora bien, ¿Cómo encajo yo en todo esto? ¿Qué hace una chica caprichosa, malcriada, irritable, mandona, aunque eso sí, según tú, simpática y con unos ojos y una sonrisa muy expresivos, metida en este marco ideal?
Esa es la pregunta a la que espero que tú des respuesta.
La respuesta llegó de inmediato.
Llamada telefónica.
- ¿Qué pasa?
- Nada, ¿por qué?
- ¿A que viene esa carta ahora?
- Es lo que hay...
- Vale. Sin juegos. ¿Qué te pasa?
- No has dado respuesta a la pregunta de mi carta.
- ¿Qué quieres que te diga?
- No lo sé. ¿Cómo ves tú la situación?
- Complicada y cada día más.
- Yo también.
- ¿Y?
- No sé.
- No vas a venir a Ibiza, ¿verdad?
- No, no voy a ir.
- ¿No vamos a vernos más?
- Eso no lo puedo saber.
- No juegues. Me refiero ahora, en un futuro inmediato.
- No, no vamos a vernos más.
- ¿Puedo saber por qué?
- ...
- Habla.
- ... La situación se nos está yendo de las manos y no quiero llegar al extremo de perder las riendas y no poder controlarla, hay demasiadas cosas importantes en juego.
- Te entiendo... aunque no lo comparto.
- Lo acepto...
- ¿Te he de decir adiós ahora?
- Será lo mejor.
- Muy bien. Como prefiera la señorita.
- Sin juegos.
- Bien.
- Adiós G.
- Adiós señorita. Oye...
- ¿Qué?
- Me ha encantado conocerte.
- Y a mí a ti.
- Un beso Dª Involuta.
- Un beso mi capitán.
Y así acabó. Limpiamente.
Le eche de menos durante muchos meses. En muchas ocasiones sentí deseos de llamarle, pero no lo hice. El tiempo, la vida y las nuevas experiencias fueron difuminando las sensaciones que me provocó y la necesidad de ellas.
Lo nuestro no fue una relación. Como ya he dicho en muchas ocasiones fue una guerra de dos caracteres fuertes, batalla tras batalla. Nos exasperábamos cada vez que hablábamos. Quedamos fascinados por el contraste entre furia y ternura que ambos desplegábamos ante el otro. Decidimos una retirada a tiempo y así se hizo.A veces siento curiosidad. Y me pregunto qué y cómo hubieran transcurrido las cosas si hubiéramos continuado, pero pienso que tuvimos el mejor final.

7 comentarios:
La asignatura pendiente llegó a su fin. Es lo malo de materializar los sueños.
¿me quedé sin cuadernos encontrados? (aquí un emoticón tristón)
Pues sí Hitos, es lo que tiene la realidad.
No sufras... quedan varios cuadernos aún, tan sólo tengo que ponerme a ordenarlos un poco. Aunque hoy he estado muy trabajadora eh.
Aaaaaaaaaaaaaains, que me tienes enganchada y las camas por hacer. Esto de la pereza da mucho trabajo
Sí, es el mejor final. No me gustan los cuadernos que terminan en boda, ni aunque sea civil.
¿Ya se han acabadoooo??? jooo...
Saludines desde el Insti.
De todos los Malos Sentimientos el único que consiguió vencer al Amor fue Doña Rutina. Estos dos se libraron de ella.
Pues sí Pantagruel, por eso coincido con ella en que tuvieron el mejor final. No se complicaron la vida y se quedaron con lo mejor de una relación, el principio.
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