
Estación de tren de salida. Estudiantes, madres con sus jóvenes hijas y los brazos llenos de bolsas y paquetes, vagabundos durmiendo sentados en los bancos, turistas con su atención dividida entre la guía de viaje y los paneles de salida de los trenes...
Mi tren... Salida.
El viaje fue a la vez eterno y breve.
El viaje fue a la vez eterno y breve.
Eterno por que nada de lo que me ofrecían me complacía ni desviaba mi atención de lo que tenía metido en la cabeza. Ni la película que estaban emitiendo, ni la radio, ni la revista que había comprado en la estación...
Y breve porque en ese momento sentía sobre mí todas las dudas del mundo. Mientras miraba el paisaje imaginaba toda clase de encuentros. Pero ninguno se parecía al que realmente fue.
Y breve porque en ese momento sentía sobre mí todas las dudas del mundo. Mientras miraba el paisaje imaginaba toda clase de encuentros. Pero ninguno se parecía al que realmente fue.
21.00- Estación de Sants de Barcelona.
- Ya estoy aquí.
- Ahora cojo un taxi y voy a buscarte. Espérame ahí.
21:10
Paseo por la estación.
Paseo por la estación.
Busco un banco para sentarme.
Sonrisa especial a un policía encantador.
21.15- Llamada suya.
- ¿Dónde estás?
- En la estación de Sants.
- Pues yo también y no te veo.
- Yo a ti tampoco.
- ¿Exactamente en qué parte?
- Delante de la comisaría.
- Espera ahí, voy a buscarte.
Sonreía mirando hacia todos los lados ... pero no le veía
21.20- Llamada suya.
- No te encuentro. Muévete y dime que ves.
- Una cafetería, una cabina telefónica, unos bancos alineados frente a los paneles horarios, un burguer...
- Espera, dirígete al burguer.
- Bien.
- ¿Me ves?
- No.
- Yo a ti tampoco. Espera, voy a subir, quizá estés en el piso superior. Espera.......... ¿Llevas un vestido negro?
- Sí. ¿ Me ves ? .Yo a ti no
- ¿Pelo largo y oscuro?
- Sííííííííí, ¿pero dónde estás tú?
- ... Eres preciosa...
Él me veía y yo a él no. Eso me puso nerviosa. Ninguno de los dos había colgado el teléfono.
- Date la vuelta, quiero verte de frente.
Y entonces le vi.
Dirigiéndose hacia mí. Seguro de si mismo. Arrogante. Y le sonreí. Se acercó y también sonriendo me dio un beso en la mejilla para saludarme.
- ¿Qué tal el viaje?
- Pesado.
Silencio. Miradas a los ojos.
- Tus ojos atraen. No los imaginaba así. (La única foto que había visto de mí no mostraba mis ojos, llevaba unas gafas de sol oscuras)
- Para, harás que me sonroje.
- ¿Tú? Jajajajajaja. Imposible.
- Que sí, que soy muy tímida. No me gustan los piropos. Me ponen nerviosa.
Salimos de la estación y paseamos. Él me miraba y sonreía. Y yo le preguntaba por que sonreía. Él me respondía que por nada, estaba sorprendido y de forma muy grata.
Durante una hora paseamos y charlamos. Al principio tímidamente, al fin y al cabo éramos unos desconocidos, pero pronto la confianza adquirida durante un año fue tomando su lugar y lo hizo como siempre, en forma de discusión
- Eres una cabezota.
- No, no lo soy.
- Sí, sí lo eres. No has parado hasta que no has conseguido lo que pretendías. Niña caprichosa.
- A ti lo que te molesta es que te hayas tenido que bajar del burro conmigo.
- Que no es eso.
- No lo veo yo así.
- No era tan irracional lo que pedía.
- Para mi sí lo era.
- Explícate mocosa.
- No quería sentirme como algo malo que hay que esconder y tú pretendías eso.
- Que no, no has entendido nada.
- Sí, sí lo he entendido todo muy bien, mi capitán.
Y de pronto, cuando más furiosa estaba, me tomó entre sus brazos y me dio un beso en la boca con fuerza para hacerme callar.
Me calmé de golpe. Cuando me soltó no osé decir ni una sola palabra.
21.15- Llamada suya.
- ¿Dónde estás?
- En la estación de Sants.
- Pues yo también y no te veo.
- Yo a ti tampoco.
- ¿Exactamente en qué parte?
- Delante de la comisaría.
- Espera ahí, voy a buscarte.
Sonreía mirando hacia todos los lados ... pero no le veía
21.20- Llamada suya.
- No te encuentro. Muévete y dime que ves.
- Una cafetería, una cabina telefónica, unos bancos alineados frente a los paneles horarios, un burguer...
- Espera, dirígete al burguer.
- Bien.
- ¿Me ves?
- No.
- Yo a ti tampoco. Espera, voy a subir, quizá estés en el piso superior. Espera.......... ¿Llevas un vestido negro?
- Sí. ¿ Me ves ? .Yo a ti no
- ¿Pelo largo y oscuro?
- Sííííííííí, ¿pero dónde estás tú?
- ... Eres preciosa...
Él me veía y yo a él no. Eso me puso nerviosa. Ninguno de los dos había colgado el teléfono.
- Date la vuelta, quiero verte de frente.
Y entonces le vi.
Dirigiéndose hacia mí. Seguro de si mismo. Arrogante. Y le sonreí. Se acercó y también sonriendo me dio un beso en la mejilla para saludarme.
- ¿Qué tal el viaje?
- Pesado.
Silencio. Miradas a los ojos.
- Tus ojos atraen. No los imaginaba así. (La única foto que había visto de mí no mostraba mis ojos, llevaba unas gafas de sol oscuras)
- Para, harás que me sonroje.
- ¿Tú? Jajajajajaja. Imposible.
- Que sí, que soy muy tímida. No me gustan los piropos. Me ponen nerviosa.
Salimos de la estación y paseamos. Él me miraba y sonreía. Y yo le preguntaba por que sonreía. Él me respondía que por nada, estaba sorprendido y de forma muy grata.
Durante una hora paseamos y charlamos. Al principio tímidamente, al fin y al cabo éramos unos desconocidos, pero pronto la confianza adquirida durante un año fue tomando su lugar y lo hizo como siempre, en forma de discusión
- Eres una cabezota.
- No, no lo soy.
- Sí, sí lo eres. No has parado hasta que no has conseguido lo que pretendías. Niña caprichosa.
- A ti lo que te molesta es que te hayas tenido que bajar del burro conmigo.
- Que no es eso.
- No lo veo yo así.
- No era tan irracional lo que pedía.
- Para mi sí lo era.
- Explícate mocosa.
- No quería sentirme como algo malo que hay que esconder y tú pretendías eso.
- Que no, no has entendido nada.
- Sí, sí lo he entendido todo muy bien, mi capitán.
Y de pronto, cuando más furiosa estaba, me tomó entre sus brazos y me dio un beso en la boca con fuerza para hacerme callar.
Me calmé de golpe. Cuando me soltó no osé decir ni una sola palabra.
Me había gustado aquel beso.
Paramos en una cafetería y sentados en una terraza me habló de su vida.
Había estudiado en Barcelona y durante 10 años había estado en alta mar tripulando petroleros. En estos momentos dirigía una empresa de transportes y aunque le gustaba prefería su etapa en el mar. Le encantaba navegar y lo echaba de menos.
Casado, dos hijos, chico 20 años, chica 15. A su mujer la conoció cuando ella tenía 16 años y ya nunca se habían separado. La quería y se lo debía todo. Cuando se casaron él no había terminado la carrera y ambos trabajaron mucho para que pudiera cumplir su sueño de ser capitán.
Eran muchos años juntos. La monotonía, el aburrimiento y la necesidad de reafirmarse como hombre le habían llevado en un principio hasta mí. Ahora no entendía lo que estaba pasando, la situación en cierto modo se le estaba escapando de las manos y no sabía que hacer.
No le dejé que continuara, no me interesaba y no me gustaba por donde estaba yendo la conversación. Le propuse ir a cenar. Cenamos.

Tras la cena volvimos a pasear por las calles de Barcelona. Estaban mojadas, las habían regado y las farolas se reflejaban en los pequeños charcos que se habían formado. Fue un paseo encantador. Sin discusiones, sin peleas, sin tensión. Conversando tranquilamente, algo nuevo entre nosotros. Le hable de mí y él seguía mirándome y sonriendo. De vez en cuando, de improviso, me tomaba por los hombros, me acercaba a él y me daba un beso en la frente o en la boca y sonreía.
Era tarde.
Era tarde.
Nos dirigimos al hotel.
4 comentarios:
Qué lindos son siempre los reencuentros verdad?? me trae muchos recuerdos...
Hola Susi guapa, no sé si has visto en el blog de Hitos que a finales de ocutbre hay un congreso de periodismo que sería muy interesante visitar por parte de los blogueros. Yo le he dicho a Hitos que podría el sábado 1 de noviembre, el resto estaré currando. Es en Cáceres y me ha dicho de vernos. Qué te parece? vamos? Hay que anotarse, Gustavo ya lo hizo, acabo de enterarme (es que este santo no me cuenta nunca nada por Dios...)
un besito
Susana, llego tarde a estos cuadernos que narran esa "kedada" tan romántica. ¿Eres tú la autora? ¿Si no, quién es? Me gustan.
No, Pantagruel, no soy yo la autora, tan sólo me limito a transcribirlos. Y me alegra que te gusten.
Un saludo
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