Se acercaba el día 8, día de nuestro encuentro y ninguno de los dos tenía la seguridad de lo que iba a ocurrir. Yo me había negado en redondo a acudir a aquella cita si él no cambiaba las condiciones... y él no cedía.
- ¿Estás segura de tu decisión de no venir el día 8 a Barcelona?
- Sí, lo estoy.
- ¿No piensas cambiar de opinión?
- Si tú no cambias las condiciones, no.
- Es necesario que las mantenga...
- Bueno, pues mantenlas sin mí.
- No eres justa.
- No, perdona, el que no es justo eres tú. Pretendes que vaya hasta Barcelona para llegar a las 9 de la noche y volverme sin descansar a las 7 de la mañana. No me hables de justicia.
- No me gusta exhibir mi intimidad delante de mis compañeros.
Me he metido tanto en el pasado que creo que he olvidado explicar el motivo de la discusión. Las “famosas” condiciones que él había puesto y que yo me negaba a aceptar.
Nuestra cita podía hacerse realidad por que él tenía una convención de directores de las diferentes empresas que componían el grupo para el que trabajaba. Todos iban a estar alojados en el mismo hotel. Él no deseaba que sus compañeros descubrieran que tenía una cita con una mujer. Tenía fama entre sus conocidos de ser un hombre serio y muy celoso de su intimidad. Por ese motivo, o bien me iba por la mañana o bien me alojaba en otro hotel y podríamos estar más tiempo juntos.
A mi no me gustaron ninguna de las dos opciones y se lo hice saber. No pensaba alojarme en otro hotel, eso hería mi dignidad, escondida como si fuera una paria, ni soñarlo. Y pensar que él pretendía sacrificar tiempo para estar juntos después de un año, me crispaba. Ahí fue cuando decidí que no iba a acudir a aquella cita.
¿Dónde estábamos antes de esta digresión...?
Ah, sí, él acababa de decirme que no le gustaba exhibir su intimidad delante de sus compañeros...
Contesto:
- No es momento de pensar en eso. Haberlo tenido en cuenta antes de establecer la cita. Yo no me escondo de nadie. Si quieres lo aceptas y si no ya nos veremos en otra ocasión.
- Eres guerrera, tengo ganas de verte. Me gustas mucho, el porcentaje esta rondando el 90%.
- Déjate de porcentajes ahora .
- Me encantas. Aunque no vengas a Barcelona pensaré en ti y me daré cuenta de lo que me he perdido. Voy a pensar mucho en ti...
- Pues cambia las condiciones.
- No puedo.
- No entiendes nada.
- Lo único que entiendo es que quiero hacer realidad que nos veamos. Quiero que sientas, que sintamos los dos. Te quiero llenar de ternura.
- Es fácil .
Y no cedió. Él cabezota, yo más tozuda aún.
Pero en el fondo sabía que cedería.
El billete de tren para Barcelona esperaba en mi bolso desde la semana anterior.
Día 7- Llamada telefónica de él.
- ¿Has cambiado de opinión?
- No.
- De acuerdo, tú ganas. Retiro mis condiciones. ¿Qué es lo que quieres?
- Pasar la noche contigo e irme después de comer.
- Acepto.
- ¿Y ese cambio de opinión? (Entre curiosa y sorprendida)
- Quiero verte y estar contigo y voy a pasar de lo demás.
¡Bien! Batalla ganada.
- ¿Y qué ha provocado ese cambio? (sardónica, saboreando la victoria)
- C...
- ¿Qué?
- No juegues en este momento.
- Vale.
Me callé, replegué armas y me retiré. Colgamos.
¡Qué nervios pase en ese viaje!
2 comentarios:
Los hombres como de costumbre quieren imponerlo todo... sin ver el romanticismo de las cosas como hacemos nosotras, en fin...
Un besote.
O cuentas ya el encuentro o me va a dar un patatus
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